Un aumento inusual de la cantidad de crías de ballena franca austral que aparecen muertas en las costas de la Patagonia argentina puso en alerta a investigadores y autoridades que estudian a esta especie de cetáceo. Los científicos analizaban una posible infección bacteriana como explicación de una mortalidad especialmente elevada durante esta temporada.
Uno de los hallazgos más recientes ocurrió en la playa La Adela, en Península Valdés, donde se encontraron alrededor de 29 crías muertas. Esto se registró con pocos días de diferencia a la aparición de ejemplares sin vida en otros puntos de la costa de Puerto Madryn.
Según explicaron desde el Instituto de Conservación de Ballenas (ICB), esta población ya ha registrado años con una mortalidad elevada de ballenatos. Por ejemplo, según datos del Programa de Monitoreo Sanitario de Ballena Franca Austral, en 2012 se registraron 113 individuos muertos, el mayor número documentado hasta ese momento para la especie, tanto localmente como a nivel mundial.
“Los registros preliminares de este año indicarían que podría tratarse de un evento de una escala aún mayor. Consolidar la cifra y analizarla en relación con el número de nacimientos registrados en la temporada servirá para dimensionar su magnitud a nivel poblacional”, señalaron desde el ICB mediante un comunicado.
Frente a las causas de esta mortandad, la Secretaría de Ambiente de Chubut señaló que la principal hipótesis es una bacteria común en el mar que puede causar afección en ballenatos.
“De acuerdo con las observaciones realizadas hasta el momento y la información disponible, no se identificaron evidencias que permitan atribuir la mortalidad registrada a factores de origen antrópico. De manera preliminar, se considera como hipótesis de trabajo que la situación es producida por una bacteria común en el agua de mar que puede causar afección sistémica en ballenatos, un hecho que se ha producido en otros lugares del mundo”, indicaron desde la secretaría mediante un comunicado.
Mariano Coscarella, investigador del Laboratorio de Mamíferos Marinos del Conicet, también señaló que los veterinarios que estudian el caso sospechan de un brote de esta bacteria, aunque esto todavía debe confirmarse. “Parece tratarse de una causa natural; sin embargo, no podemos descartar por completo la influencia de la actividad humana”, indicó Coscarella en declaraciones a la agencia AFP.
Según el mismo comunicado del ICB, la Erysipelothrix rhusiopathiae puede encontrarse en distintos animales y ambientes marinos y causar enfermedades graves en cetáceos. “Existe un antecedente relevante en Península Valdés: un estudio publicado en 2016 la detectó en lesiones asociadas a ataques de gaviotas en dos ballenatos examinados durante la temporada 2013”, recordaron desde el instituto, aunque aclararon que el estudio no permitió establecer que la infección fuera la causa de muerte de los individuos.
Uno de los llamados que hacen los investigadores es que se necesitan hacer más estudios, compartir sus resultados a medida que se conozcan los hallazgos y articular el trabajo de los equipos científicos y las instituciones para poder hacer mejores evaluaciones de este tipo de eventos.
Por su parte, Coscarella aseguró que las recientes muertes “no suponen un peligro a medio plazo” para la población de ballenas de la zona, dada la esperanza de vida media de la ballena franca austral, que los científicos sitúan en 60 años.
Foco de cría de la ballena franca austral
Puerto Madryn y la península Valdés constituyen uno de los grandes refugios reproductivos de la ballena franca austral. Cada año, numerosos ejemplares llegan a estas aguas para reproducirse y ampliar así la población de estos cetáceos que pueden alcanzar unos 17 metros de longitud y rondar las 40 toneladas de peso en la edad adulta.
En 2025 se contabilizaron en la zona un récord de 2.110 ballenas, de las que unas 800 eran ejemplares jóvenes. Este año, el recuento se sitúa en 1.375 animales, entre ellos cerca de 400 crías, según los datos aportados por Coscarella.








