El dolor atraviesa cada palabra de Gabriela Terán. Sentada en su humilde casa ubicada en el Asentamiento “La Laguna”, provincia de Salta, rodeada de sus hijos y sostenida por la fe, la mujer revive una y otra vez el momento en que supo que Lautaro, su hijo de 16 años, había sido apuñalado en el vertedero de la localidad salteña de San Javier mientras buscaba algo para llevar a la mesa familiar.
“Me estoy pasando por una situación muy difícil, que es la salud de mi hijo”, expresó entre lágrimas. La mujer relató que llegó desde Tartagal a la capital salteña junto a sus hijos, escapando de una situación complicada y tratando de empezar de nuevo. Según contó, una familia le donó el terreno donde hoy vive junto a seis de sus siete hijos.
La realidad económica los empujó a buscar sustento en el relleno sanitario. “Prácticamente íbamos ahí todos los días a buscar aluminio, cobre, hasta sinceramente comida. Porque realmente lo que tiraban para mí es oro”, relató.
Gabriela explicó que ese día no ingresó al vertedero porque debía ir a buscar a una de sus hijas a la escuela. Lautaro sí logró entrar. “Cuando yo estaba llegando escuché la ambulancia en la avenida y jamás me iba a imaginar que era él”, recordó.
La mujer contó que su hijo había ido al lugar con la esperanza de reunir algo para la casa. “Él fue por necesidad, para traer algo de comida. Me decía: ‘Si le daba lo que junté, ¿qué íbamos a comer? ¿Qué íbamos a tener?’”, relató quebrada.
Según reconstruyó la familia, el conflicto comenzó cuando otro joven intentó quitarle el aluminio que Lautaro había juntado.
Gabriela aseguró que el agresor ya había protagonizado episodios violentos en el barrio y que incluso existían denuncias previas. “Ese chico viene amenazando a los chicos del barrio. Hace unas semanas había lastimado a una nena”, señaló.
De acuerdo al relato de Lautaro, primero intervino un hermano mayor del acusado. “Le dijo que le entregara las cosas. Después vino el chango y empezó a pegarle. Le metió dos piñas”, contó.
La mujer recordó con angustia las palabras de su hijo después del ataque. “Él me decía: ‘Mamá, nunca me di cuenta, te lo juro, perdóname’. Y me pedía perdón a mí, como si fuera culpa suya”, expresó.
Tras enterarse de lo ocurrido, Gabriela salió corriendo hacia la avenida buscando ayuda. “Me decían que lo habían llevado al hospital San Bernardo porque estaba grave”, recordó.
Sin dinero para el transporte y sin conocer bien la ciudad, acudió al pastor de la iglesia a la que asiste junto a sus hijos. “Le dije: ‘Por favor, ayúdeme y lléveme al hospital’. Él me llevó junto a una vecina”, contó.
Al llegar recibió la peor noticia: Lautaro estaba en quirófano con una grave herida de arma blanca en el abdomen. “Me dijeron que había llegado muy mal. La espera fue eterna hasta que me avisaron que lo habían estabilizado”, recordó.
Posteriormente, el adolescente debió ser sometido a nuevos procedimientos médicos porque sospechaban que la lesión había comprometido el intestino. “Le hicieron transfusión de sangre porque se estaba desangrando internamente”, detalló.
Actualmente, Lautaro continúa internado y su evolución es seguida minuto a minuto por su familia. “Si sigue mejorando le sacarían la sonda y podría empezar a alimentarse”, explicó su madre.
Gabriela cría sola a sus hijos. Dice que el único sostén que encontró fue la iglesia y las personas solidarias que la acompañan. “Tengo seis hijos conmigo. Soy yo sola con ellos”, afirmó.
Su rutina diaria comienza temprano. Cocina en un comedor comunitario, lleva a las niñas a la escuela y luego vuelve a la merienda barrial donde también colaboran. “Uno sale adelante trabajando”, aseguró.
Contó que muchas veces recogía ropa en el vertedero, la lavaba y luego la vendía en ferias. “Yo iba, lavaba la ropa y la vendía más barata. El aluminio y el cobre te resalvan”, dijo.
También aclaró que jamás imaginó el nivel de violencia que podía existir dentro del predio. “Yo veía gente con fierros, pero para abrir bolsas. Nunca pensé algo así”, manifestó.
La mujer pidió que no se estigmatice a quienes concurren al relleno sanitario. “No todos los que van ahí buscan drogarse. Muchos van porque realmente necesitan comer”, afirmó.
Y agregó: “La gente juzga sin saber cómo vive uno. Hay mucha necesidad”.
Incluso en medio del drama, Gabriela sostuvo que no quiere vivir de la asistencia. “Yo trabajo. Lavo ropa, limpio casas, corto yuyos. Dame algo para trabajar, no para mantenerme”, expresó.
Aunque pidió justicia por lo ocurrido, Gabriela también habló del sufrimiento de la familia del acusado. “Hay dos familias destruidas. Mi hijo está vivo, gracias a Dios, pero ellos también tienen que pensar hasta dónde pueden llegar las amenazas y la violencia”, reflexionó.
En la escuela de una de sus hijas incluso surgieron conflictos porque compañeras de curso serían familiares del adolescente detenido. “Mi hija vino asustada por cosas que le dijeron. Mi hijo mayor habló con la directora y se hizo un acta”, contó.
Pese al miedo y al dolor, Gabriela se aferra a la recuperación de Lautaro. “Yo lo molesto y le digo: Levantate chango, te estamos esperando en casa”, relató.
Según dijo, el adolescente está muy impactado por lo ocurrido y ya no quiere volver al vertedero. “Me dijo: ‘No voy a salir a hacer más nada’. Yo pensé que iba a querer vengarse o algo así, pero no. Él deja todo en manos de Dios”, sostuvo.
Lautaro tiene 16 años y pelea por recuperarse después del brutal ataque. “Dios tiene la última palabra. Yo sé que vamos a salir de esta”, finalizó su madre.
El hecho ocurrió el pasado 6 de mayo en el relleno sanitario San Javier. Lautaro recibió una puñalada en el abdomen mientras se encontraba junto a otros jóvenes en el lugar.
Tras el ataque, fue asistido por personal del Samec y trasladado de urgencia al hospital San Bernardo por una ambulancia de la base Lavalle. Un video grabado por otro adolescente mostró los momentos posteriores a la agresión, donde se lo veía gravemente herido y con visibles signos de dolor.
La investigación quedó a cargo del fiscal penal 2 de la Unidad de Graves Atentados contra las Personas, Daniel Espilocín.
Por el hecho fueron imputados dos acusados: un adolescente de 16 años por homicidio en grado de tentativa y un hombre mayor de edad señalado como partícipe necesario.
Durante la audiencia judicial, la defensa del menor pidió cambiar la calificación legal a lesiones graves, planteo que fue rechazado. El mayor de edad quedó con prisión preventiva por 30 días, mientras que el adolescente fue alojado preventivamente en el Centro de Atención de Jóvenes en Conflicto con la Ley Penal.
Lautaro continúa internado en el Hospital San Bernardo con estado de salud reservado.







