El debate por la reforma laboral comenzó en el Senado con la exposición del miembro informante del oficialismo, quien definió al proyecto como una ley “trascendente” orientada a adecuar las normas laborales y a reducir la judicialización del sistema. Al presentar el dictamen, explicó que el bloque decidió repartir el tiempo de exposición para que dos senadores realicen una presentación técnica sobre los cambios introducidos desde diciembre, que, según señaló, surgieron de una consulta con más de 1.500 organizaciones sindicales, empresariales y de distintos sectores.
El inicio de la sesión estuvo marcado por un cruce reglamentario cuando un senador Mayans objetó que el miembro informante cediera la palabra sin que mediara un pedido formal, y advirtió que se estaba alterando el orden del debate. Superada la discusión, uno de los senadores oficialistas tomó la palabra y defendió la iniciativa como una “modernización laboral”, al sostener que la legislación vigente responde a una realidad de hace décadas y que el proyecto mantiene principios centrales como la protección al trabajador, el in dubio pro operario y el orden público de los derechos laborales.
El oficialismo consiguió el quórum en el Senado y puso en marcha la sesión para tratar la reforma laboral, con la expectativa de avanzar hacia su aprobación gracias al respaldo de un grupo de gobernadores que garantizó la presencia de sus senadores. No dieron quórum los 28 senadores del PJ, incluidos los representantes de Santiago del Estero y los de Convicción Federal, ni tampoco los santacruceños Natalia Gadano y José María Carambia.
Mientras el bloque de La Libertad Avanza y sus aliados defendieron la iniciativa como una modernización del régimen laboral, desde Unión por la Patria reiteraron su rechazo y cuestionaron el alcance del proyecto. El debate se desarrolla en un clima de fuerte tensión política, con el rol de las provincias como un factor determinante para el resultado final de la votación en el recinto.







