Pino Solanas, el arte y la política al servicio del medio ambiente y de los recursos naturales de su país

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El 6 de noviembre de 2020, en el distrito parisino de Neuilly-sur-Seine, moría un hombre que se negó a aceptar el mundo tal cual vino empaquetado para su tiempo y lo denuncio con arte a viva voz, ese día se apagaba la vida de Pino Solanas. Fernando Ezequiel Solanas nació en Olivos el 16 de febrero de 1936 en el seno de una acomodad familia de profesionales. Desde muy joven se interesó por los medios audiovisuales y enarboló las banderas de los pintores españoles de principios del siglo XX; ‘el arte sin compromiso es apenas un decorado burgués’. La Argentina estaba azotada por tempestades ideológicas, Solanas decidió no cobijarse en la seguridad de un estudio y salió a militar en la intemperie.

A finales de los años sesenta, junto a Octavio Getino, fundó el grupo Cine Liberación. En la clandestinidad más absoluta, desafiando a los censores y a los fusiles de la dictadura de Juan Carlos Onganía, parió una obra monumental y clandestina: ‘La Hora de los Hornos’. Aquello no era cine para comer pochoclos en la penumbra; era un ensayo sociopolítico dividido en actos que se proyectaba en sótanos, fábricas tomadas y unidades básicas. Con esta película, Solanas demostró que una cámara era tan letal como un arma, verla era un acto de resistencia; ser descubierto con una copia, un pasaporte a una pesadilla.

Luego del estreno de ‘Los hijos de Fierro’, Pino Solanas formó parte de la generación de artistas que fue arrastrada al exilio. Sus contactos del mundo cinematográfico lo cobijaron en Paris. Lejos de sus raíces y catalizadores porteños afloró en él un cine dominado por la melancolía, ‘El exilio de Gardel’ y ‘Sur’ recién vio la luz con el regreso de la democracia en la Argentina. Estas películas lo consagraron el los festivales de Venecia y Cannes donde recibió las ovaciones más reconfortantes de su carrera.

Regresó a su patria, pero consciente que por sí sola, la democracia no bastaba, había que meter los pies en el barro para apuntalarla y defenderla. Cuando los años ’90 mostraron su peor cara con el desmembramiento del estado y los tres poderes derramaban corrupción Pino fue uno de las primeros en alzar la voz. La respuesta desde el estado fue un atentado, un grupo comando le efectuó 6 disparos en las piernas. La respuesta de Pino fue doble, inició su carrera política y rodó, a nuestro humilde entender, su mejor filme.

‘El viaje’ (1992), es un paseo por las injusticias, las carencias y los sueños de América Latina vistas por los ojos de un adolescente que busca a su padre por todo el continente. Desprendiéndose del realismo crudo que supo mostrar en sus anteriores filmes, Solanas mueve magistralmente entre simbolismos, caricaturas, personajes estereotipados y realismo mágico con una poesía visual arrolladora.

Luego de ‘El viaje’ y ‘La nube’, para profundizar su batalla, Solanas abandonó la ficción y se sumergió en el género documental. ‘Memoria del saqueo’ y ‘La dignidad de los nadies’ reflejan sin anestesia las carencias y deudas internas de la Argentina donde solo importan las voces de los desplazados, desocupados, cartoneros y los resistentes anónimos del interior profundo.

Su carrera política sobrepasó sus pronósticos y los de sus detractores, llegó a ganarle elecciones a partidos centenarios como el radicalismo. Fue electo en repetidas oportunidades como diputado, senador y convencional constituyente. Sus esfuerzos estuvieron centrados en la defensa del medio ambiente y los recursos naturales del país.

El destino quiso que sus últimos días transcurrieran en París, la ciudad que lo cobijó en sus años oscuros, desempeñándose como Embajador argentino ante la UNESCO. Allí, el 6 de noviembre de 2020, el virus global que paralizó al planeta acabó con su vida. Pero hombres como Pino no se mueren del todo, se dispersan. Entender su vida debería plantearnos un incómodo interrogante; ¿qué hacemos frente a las injusticias de nuestro tiempo?

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