Joe Wilson, fallecido en 2011 a los diecisiete años, dejó una huella espiritual indeleble, aunque discreta, en su comunidad escocesa. El 27 de noviembre, la Iglesia en Escocia abrió su causa de beatificación, recordando la historia de san Carlo Acutis</em>
¿Será Joe Wilson el próximo santo milenial? El 27 de noviembre de 2025, los obispos de Escocia aprobaron la apertura de la causa de beatificación de este joven de Carfin, ahora Siervo de Dios, quien falleció repentinamente en 2011 a los 17 años por una afección cardíaca no diagnosticada. Su historia recuerda a la del joven Carlo Acutis, quien falleció en 2006 con tan solo 15 años y fue canonizado el 7 de septiembre de 2025.
Nuestra Señora de Lourdes y el Rosario
Nacido en 1994 en Carfin, al sureste de Glasgow, Joe Wilson llevaba una vida normal, dividiendo su tiempo entre la escuela y las salidas con amigos. Pero lo que sin duda lo distinguió fue su profunda fe, que brilló con fuerza incluso en vida.
Joe sentía una profunda devoción por Nuestra Señora de Lourdes. Vivía cerca de la Gruta de Carfin, lugar de peregrinación y santuario dedicado a las famosas apariciones marianas reveladas a santa Bernardita. La visitaba con frecuencia, a veces en familia, a veces solo, y la consideraba “un lugar muy especial”. El joven escocés disfrutaba pasando largos ratos allí rezando por los demás, inspirado por santa Teresita de Lisieux, por quien sentía una gran devoción.
Un joven profundamente involucrado en la vida de la Iglesia de su tiempo, se regocijó con la visita de Benedicto XVI a Glasgow, que tuvo lugar durante su viaje apostólico al Reino Unido el 16 de septiembre de 2010. “El Papa Benedicto XVI viene a Glasgow el jueves y voy a verlo. ¡Estoy impaciente! Estaremos en la Zona 1, justo frente al altar. Será un momento espiritual maravilloso que traerá mucha alegría a Escocia”, escribió en su diario el 14 de septiembre de 2010. Al día siguiente, continuó: “Espero con ilusión la visita de Benedicto XVI (…). Recé el Rosario el domingo para que todo saliera bien y para muchas conversiones. ¡Jesús estará presente en el altar! ¡Este es, en esta tierra, el momento en que podemos estar más cerca de Él!”. Este pasaje dice mucho de la profunda fe del joven escocés y de su devoción al Rosario, que tanto apreciaba.

El diario de una adolescencia obsesionada con Jesús
Uno de los descubrimientos más hermosos sobre la vida de Joe es su diario, encontrado por su padre tras su muerte, en el que el joven adolescente solía confiar sus pensamientos diarios, pero sobre todo expresar su fe. De él emanan una profundidad y una sabiduría inusuales.
“Sé que el mundo nunca será perfecto, y por eso me encanta tener fe. Piensa en todos los que pasan hambre, mueren en guerras, en tiempos de hambruna, en los que han sido excluidos, torturados, abandonados en este mundo. Estoy seguro de que todos estos desafortunados de la Tierra se sientan en los tronos más altos del Cielo. ¿No es eso reconfortante?”, escribió, por ejemplo, unos días antes de morir.
Existen sorprendentes similitudes entre Joe y el joven italiano Carlo Acutis, quien falleció en 2006 a los 15 años por leucemia aguda y fue canonizado en septiembre de 2025 por el Papa León XIV. Más allá de su nacimiento compartido en las Islas Británicas —Carlo nació en Londres—, los dos adolescentes comparten una férrea determinación de seguir a Cristo cada día más de cerca.
El a veces llamado el “ciberapóstol” suele decir que “la belleza espiritual no se desvanece, a diferencia de la belleza física, sino que perdura para la eternidad” y enfatiza la importancia de practicar la virtud.
Joe reflexionó sobre varias maneras de mejorar su vida cristiana: “Como cristiano, es bueno mantener un perfil bajo. Rodéate de quienes son ignorados, excluidos o silenciados, y consuélalos con ternura. Esto puede ser difícil porque afecta tu imagen, pero es una excelente manera de proclamar la buena nueva, es decir, de dar ejemplo de vida cristiana”, escribió en su diario el 6 de febrero de 2011. Estas son resoluciones sorprendentes para un joven de 16 años, señales de una notable madurez espiritual.

Una desaparición repentina a los 17 años
Joe entró en coma en diciembre de 2011 tras un infarto repentino, causado por una cardiopatía no diagnosticada. Cientos de personas se reunieron en la cueva de Carfin para una vigilia con antorchas y rezaron por su recuperación durante una procesión. Algunos de los presentes comentaron: “Joe era alguien que siempre se esforzaba al máximo por ayudar a los demás y hacer que todos se sintieran importantes y valorados”.
El joven escocés falleció a causa de un infarto el 20 de diciembre de 2011, cinco días después de cumplir diecisiete años. Hoy, la cueva es un monumento a la vida de Joe, y allí se encuentra una placa conmemorativa con su nombre. Su familia dona extractos de su diario, “Las palabras de Jo”, al centro que gestiona el lugar para que los visitantes puedan recoger fragmentos de sus pensamientos.
Tras su fallecimiento, también se organizó un gran evento para rendirle homenaje: cientos de personas escalaron el Ben Nevis, el pico más alto de Escocia, para recaudar fondos para diversas organizaciones benéficas, entre ellas la Fundación Británica del Corazón, una causa estrechamente vinculada a la vida y la muerte de Joe.
Los padres de Joe cuentan que su hijo quería ser médico. La corta vida del joven no lo condujo a esa profesión, pero su misión en la Tierra se parecía a ella: ayudar a los demás en cualquier circunstancia. Las virtudes heroicas de su juventud están siendo evaluadas por Roma durante la fase romana del proceso de beatificación. No se ha fijado un plazo: Joe podría ser canonizado pronto, pero también podrían pasar décadas sin que su causa avance.
Una cosa es segura: incluso después de su muerte, Joe Wilson sigue inspirando y fortaleciendo la fe de muchas personas en todo el mundo y anima a la gente a seguir a Cristo cada día.

No vivió en la Edad Media.
No fue monje ni mártir antiguo.
Usó tenis, escuchó música actual y vivió los mismos desafíos que muchos jóvenes de hoy.
Su nombre es Joe Wilson, y su historia ha comenzado a llamar la atención de toda la Iglesia.
Joe fue un joven escocés de nuestra época, parte de la generación millennial, que vivió una fe profunda en medio de un mundo secularizado. Amaba la Eucaristía, la oración diaria y el Rosario, y tenía una relación sencilla pero firme con Dios.
No fue perfecto.
No vivió aislado del mundo.
Vivió en él, pero con Cristo en el centro.
Quienes lo conocieron hablan de su caridad concreta, su serenidad en el sufrimiento y su capacidad de hablar de Dios sin imponer, pero sin esconder su fe. Su testimonio tocó a muchos, especialmente a jóvenes que veían en él una fe posible y vivible hoy.
Tras su muerte, comenzaron a difundirse relatos de conversiones, consuelo espiritual y gracias recibidas por su intercesión. Por eso, su causa de canonización ha despertado interés como un signo claro de que la santidad no es cosa del pasado.
La Iglesia es siempre prudente y sigue procesos largos y rigurosos. Pero el mensaje ya es claro:
Dios sigue llamando a la santidad en nuestra generación.
La fe no está reservada a otras épocas.
Se puede ser joven, actual… y santo.
Joe Wilson recuerda algo poderoso:
la santidad no consiste en hacer cosas extraordinarias,
sino en vivir lo ordinario con amor extraordinario.
Un dato curioso que se convierte en esperanza:
quizá el próximo santo no vivió hace siglos…
quizá fue uno de nosotros.








