La histórica fabricante de neumáticos Fate anunció este martes el cierre definitivo de su planta industrial en Virreyes, partido de San Fernando, y el despido de 920 trabajadores, poniendo fin a más de ocho décadas de producción en la Argentina. La decisión se conoció de manera abrupta: los empleados se enteraron del cierre al llegar a la fábrica y encontrarse con un cartel que informaba el cese total de actividades.
Según confirmaron fuentes gremiales, en el interior de la planta permanecen trabajadores y al menos un delegado, mientras se desarrollan conversaciones informales en un clima de fuerte tensión e incertidumbre. El cierre deja paralizada una de las principales plantas del sector y abre un conflicto laboral de alto impacto, tanto por la magnitud de los despidos como por el modo en que fue comunicada la medida.
Trabajadores de Fate relataron que la confirmación del cierre de la planta llegó de manera abrupta y sin comunicación previa por parte de la empresa. “En los últimos días se empezó a rumorear que podía venirse el cierre pero nos terminamos de enterar con el comunicado que está en la puerta”, señalaron, y explicaron que esa fue la única información oficial disponible. Según detallaron, “los trabajadores usamos una aplicación de la empresa, ahí está subido el comunicado que está en la puerta y nada más”, sin mayores precisiones sobre los pasos a seguir.
En ese marco, indicaron que no todos recibieron aún notificaciones formales sobre su situación laboral. “Solo algunos compañeros recibieron el aviso de que tienen un paquete de correo en camino, suponemos que son los telegramas de despido pero no sabemos”, afirmaron, y remarcaron la incertidumbre que atraviesa a la planta, donde conviven trabajadores dentro del establecimiento y otros en los portones, a la espera de definiciones.
Los empleados también apuntaron a la situación salarial como parte del conflicto que se arrastra desde hace meses. “Hace catorce meses que no tenemos ningún ajuste, estábamos haciendo dos o hasta tres paros por mes”, explicaron. En ese sentido, precisaron que “en diciembre cobramos 1.000.000 de pesos cuando el salario es de 1.700.000. Fue por los paros, porque es insostenible no tener ningún ajuste en más de un año”.
Finalmente, describieron el impacto emocional y social que genera el cierre. “Estamos muy tristes y sobre todo muy preocupados. Con cualquier conocido que hablás, del rubro que sea, la está pasando mal, está endeudado”, expresaron, y advirtieron que “va a costar conseguir otro trabajo en medio de esta crisis”, especialmente para trabajadores con años de antigüedad en la empresa.







