En su paso por Otro día perdido, el ciclo conducido por Mario Pergolini en Eltrece, Palito Ortega fue el invitado del lunes. La aparición se da a pocos días de su regreso a Tucumán: el próximo sábado 29 de agosto, a las 21, el cantante se presentará en el Teatro Mercedes Sosa con su gira Muchacho que vas cantando.
Durante la entrevista, repasó su extensa carrera, cantó algunos de sus éxitos y recordó el giro inesperado que atravesó su vida tras traer a Frank Sinatra a la Argentina en 1981. Aquella apuesta artística de magnitud internacional terminó en un desastre financiero, pero también dio origen a un vínculo de lealtad y respaldo que años después resultaría clave para su destino en los Estados Unidos.
En 1981, el cantante de “La felicidad” y “Un muchacho como yo” decidió asumir uno de los riesgos más grandes de su carrera: traer a “La Voz” para una serie de conciertos en el Luna Park de Buenos Aires. La idea era montar un espectáculo que quedara en la memoria colectiva y posicionara al país en la agenda cultural internacional. Sin embargo, la realidad económica de la época jugó en contra.

Ramón Ortega, Evangelina Salazar y sus hijos, Martín, Julieta, Sebastián, Emanuel y Luis en el show que Frank Sinatra dio en Buenos Aires, en 1981, producido por Palito
Una fuerte devaluación y la disparada del dólar hicieron que el negocio colapsara. Ortega relató que, aunque había preparado todo para que Sinatra pudiera interpretar sus clásicos y hasta intentó adaptar al inglés el tema “Sabor a nada”, la logística resultó abrumadora. Recordó con humor sus intentos de comunicarse en inglés y los esfuerzos por cumplir con cada una de las exigencias del artista estadounidense.
El espectáculo, dirigido musicalmente por Don Costa, incluyó el apagón total del Luna Park y la interpretación instrumental de “Sabor a nada”. Sinatra no llegó a cantar la versión en inglés porque esa letra nunca existió, pero la anécdota quedó como símbolo de la magnitud de la producción.
La consecuencia de aquel proyecto fue devastadora en términos económicos. Ortega explicó que la devaluación multiplicó las deudas y el monto superó los dos millones de dólares, una suma impagable para cualquier productor local de la época. “Ya tenía como dos millones de dólares perdidos”, relató ante Pergolini.
A pesar de la presión, Ortega optó por cumplir cada cláusula del contrato y pagó hasta el último dólar, manteniendo intacto su compromiso. La percepción social, según describió el propio artista, era que él se había dado el gusto de traer a Sinatra, pero en la práctica quedó económicamente “tecleando”.
En el último encuentro antes de que Sinatra partiera hacia Brasil, la relación personal se consolidó. El cantante estadounidense abrazó a Ortega y le manifestó: “Yo sé todo lo que te pasó. Lo único que tenés que recordar es que cuando llegues a Estados Unidos y necesites un garante, no dejes de llamarme”. Esa promesa, hecha en privado, sería fundamental años después.
Tras varios años de esfuerzo, Ortega logró saldar todas sus deudas en la Argentina. Junto a su esposa, Evangelina Salazar, decidió mudarse a Miami con la intención de “respirar un aire diferente”. En ese momento recordó la promesa de Sinatra y lo contactó a través de uno de sus abogados.

Julieta Ortega, a sus 9 años, en el show de Frank Sinatra que produjo su padre, Ramón Palito Ortega, y que lo quebró económicamente
La respuesta fue inmediata: “Deme, señor Ortega, dos días para hablar con Joe Sinatra”, le transmitieron. A los pocos días, Ortega fue citado en Nueva York, donde mantuvo reuniones con colaboradores cercanos a Sinatra. Allí le plantearon qué necesitaba para instalarse y producir en el mercado estadounidense.
El efecto de ese respaldo fue inmediato. Productores de televisión y representantes de bancos se acercaron a ofrecerle oportunidades y facilidades. Ortega no solo pudo abrir cuentas y acceder a créditos sin obstáculos, sino que logró establecerse con una casa propia y todos los recursos necesarios para iniciar una nueva etapa profesional.
El propio Ortega resaltó la diferencia cultural: en Estados Unidos, la reputación y el “récord” crediticio determinan el acceso a oportunidades. “Si te portás bien, te abren todas las puertas. Si te portás mal, no tenés más crédito en todo Estados Unidos, porque eso se distribuye por todos lados”, explicó.

Ramón Palito Ortega intentando una nueva vida en Miami, ciudad en la que se radicó luego de la quiebra económica que provocó la producción del show de Sinatra en Buenos Aires
El respaldo de Frank Sinatra no solo facilitó la llegada de Ortega al circuito profesional estadounidense, sino que le permitió presentarse en escenarios como Las Vegas. El artista argentino subrayó que, aunque no siempre se ve la mano que ayuda, la recomendación de Sinatra fue decisiva para que se le abrieran puertas en el país del norte.
La experiencia dejó una enseñanza sobre la confianza y el cumplimiento de la palabra. “Cuando vos respetás, te respetan”, afirmó Ortega, destacando la reciprocidad y la importancia de la integridad personal en contextos donde la reputación es el principal aval.
Fuente: Infobae








