Al amparo del imponente paisaje de San Martín de los Andes, el pasado mes de marzo fue el epicentro de un encuentro de casi 200 expertos de 39 países se dieron cita en el mismo lugar donde nació la “Orthopterists’ Society”, hace 50 años, la organización científica internacional dedicada al estudio, investigación y conservación de los ortópteros (saltamontes, langostas, tucuras, grillos) y sus grupos afines. Es el ámbito donde se conectan expertos de todo el mundo para promover la investigación, la taxonomía y el control de plagas de estos insectos.
El secretario de Producción e Industria de Neuquén, Diego García Rambeaud, fue el anfitrión del XV Congreso Internacional de Ortopterología, y compartió las palabras de bienvenida con la titular del SENASA, María Beatriz “Pilu” Giraudo en la apertura de unas jornadas que se realizaron entre el 8 y 12 de marzo.
Durante cinco jornadas se llevaron a cabo exposiciones orales, presentación de pósters y talleres de trabajo (workshops), que promovieron el “intercambio técnico y científico” entre investigadores, especialistas y referentes institucionales de distintas partes del mundo.
Uno de los ejes destacados del encuentro fue la importancia de fortalecer los vínculos entre países para abordar de manera conjunta los desafíos que representan las plagas de langostas y tucuras.

También participaron representantes del Comité de Sanidad Vegetal del Cono Sur (Cosave), y se destacó la trayectoria del Programa Nacional de Langostas y Tucuras de la Argentina, el cual depende de la Dirección Nacional de Protección Vegetal del SENASA y que este año cumple 135 años de trabajo sostenido en la vigilancia, investigación y manejo de estas plagas que impactan en la producción agropecuaria.
A diferencia de otros cónclaves meramente teóricos, el ICO 2026 tuvo una impronta práctica. La preocupación por el impacto de las langostas y tucuras en la producción agropecuaria fue el hilo conductor de las jornadas.
García Rambeaud fue contundente durante la apertura al definir el propósito del encuentro: “Es fundamental que el conocimiento generado por la investigación pueda transformarse en herramientas concretas para la gestión y la producción. Necesitamos que los avances científicos lleguen efectivamente a los productores y técnicos que están en el territorio”.
Durante el congreso se reafirmó el valor del trabajo en red, especialmente en la región del Cono Sur y durante los talleres de trabajo, se escuchó una definición que se plasmó en las conclusiones finales: “El valor de la ciencia y la cooperación internacional son las únicas herramientas clave para abordar desafíos sanitarios que trascienden fronteras”.
El evento no solo sirvió para actualizar protocolos de monitoreo, sino para celebrar 50 años de historia compartida. María Marta Cigliano, presidenta del ICO 2026 e investigadora del CONICET, estuvo a cargo de las palabras de bienvenida, y manifestó que “este es un lugar ideal para reflexionar sobre el pasado y proyectar el futuro de la investigación”.

Conclusiones técnicas
Monitoreo temprano y predictivo: La conclusión principal es que el manejo debe ser preventivo y no reactivo y se destacó el uso de modelos bioclimáticos para predecir el avance de la plaga. El avance o retroceso en los campos depende directamente de la detección de los “focos iniciales” antes de que las ninfas desarrollen alas.
Gestión fitosanitaria sin fronteras: Los expertos definieron que el éxito técnico depende de la cooperación regional: “Las langostas no reconocen límites geopolíticos, por lo que los protocolos de control deben estar estandarizados entre países vecinos”. Además, se validó el rol de organismos como el COSAVE en la unificación de criterios de control.
Impacto del cambio climático: Se concluyó que los patrones de avance están cambiando. El calentamiento global está permitiendo que algunas especies colonicen áreas que antes eran demasiado frías, lo que exige una actualización constante de los mapas de riesgo.

Cooperación global: Una de las mayores conclusiones fue la necesidad de eliminar las fronteras en la gestión fitosanitaria. Dado que las langostas y tucuras no respetan límites geopolíticos, se acordó: Fortalecer las redes de alerta temprana entre países vecinos, estandarizar protocolos de monitoreo y control a nivel internacional y consolidar el trabajo regional a través de organismos como el COSAVE (Comité de Sanidad Vegetal del Cono Sur).
De la ciencia al campo (transferencia tecnológica): Hubo un consenso fuerte sobre la “brecha” entre la investigación académica y la aplicación práctica. Y se destacó en este sentido que “es fundamental que el conocimiento de la investigación se transforme en herramientas concretas para los técnicos rurales”.
Las conclusiones subrayaron que: Los avances científicos en genómica y comportamiento deben transformarse en herramientas concretas para productores y técnicos rurales.
Por su parte el SENASA y el CONICET destacaron la importancia de la co-organización para asegurar que el conocimiento llegue a quienes gestionan las plagas en el terreno.

Transferencia tecnológica
Se subrayó la necesidad de cerrar la brecha entre el laboratorio y el campo. El retroceso de la plaga es más efectivo cuando el productor tiene acceso a biocontroladores (como hongos entomopatógenos) que minimizan el impacto ambiental comparado con los químicos tradicionales.
También se acordó la actualización de metodologías de trabajo para el manejo de ortópteros bajo escenarios de cambio climático, que están alterando los patrones de migración y reproducción de estas especies.
Fuente: Redacción +P







