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Jeremías Monzón: “Un chico apuñalado, risas, burlas, un celular grabando, como si matar fuera un trámite”

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La siguiente es una publicación encontrada en redes sociales, acerca del aberrante crimen de Jeremías Monzón, acuchillado recientemente por preadolescentes en la Argentina. Para quien esté desinformado sobre el tema, los tres “chicos” asesinos filmaron el crimen, reían mientras lo cometían, y cantaron al final, cuando ya le habían quitado la vida a Jeremías. Ocurrió en la provincia de Santa Fe. La reflexión es la siguiente:

Por Lili Oger

Acaban de publicar el video del caso Monzón.

No es un “video más”.

No es “contenido sensible”. Es la prueba cruda de hasta dónde puede llegar la degradación humana cuando la vida deja de valer nada.

Un chico apuñalado. Risas. Burlas. Un celular grabando. Como si matar fuera un trámite, como si clavar un cuchillo fuera un gesto cotidiano.

No hay pasión, no hay arrebato, no hay locura momentánea: hay costumbre. Hay naturalización del horror. Y eso es todavía peor.

Lo matan porque filmó. Lo matan porque expuso. Lo matan porque mostró lo que ellos mismos hacen sin culpa, sin límite y sin conciencia. Y lo más aterrador no es solo el crimen: es la liviandad con la que se ejecuta.

La escena no parece un asesinato, parece una rutina. Una carnicería emocional donde la vida humana es descartable.

Esto no es marginalidad romántica. No es “pobreza”, no es “exclusión”, no es “falta de oportunidades”. Es barbarie. Es una forma de existencia donde el otro no es persona, es objeto. Donde la muerte no conmueve, entretiene.

Cuando apuñalar provoca risa, el problema ya no es solo penal. Es moral, cultural y social. Es el fracaso absoluto de cualquier idea de convivencia. No hay derecho humano posible donde no hay respeto por la vida.

No estamos frente a un hecho aislado. Estamos frente a un síntoma brutal: una sociedad que tolera, justifica o mira para otro lado mientras el horror se vuelve cotidiano. Y cuando el horror se vuelve cotidiano, deja de escandalizar. Y cuando deja de escandalizar, termina gobernando.

Esto no es ideología. No es política. No es relato.

Es sangre. Es muerte. Es un país que, si no reacciona, se acostumbra a mirar la carnicería como espectáculo.

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