La reciente incautación de un buque petrolero venezolano por parte de Estados Unidos representa un golpe directo a la estructura financiera que sostiene al régimen de Nicolás Maduro, según informó The Wall Street Journal. Esta acción, que afecta de manera mucho más profunda que los ataques a embarcaciones vinculadas al narcotráfico, plantea una amenaza existencial para un gobierno cuya supervivencia depende casi exclusivamente de los ingresos petroleros. El cargamento confiscado, valorado en aproximadamente USD 80 millones, equivale a cerca del cinco por ciento de lo que Venezuela destina mensualmente a la importación de bienes, lo que incrementa el riesgo de desabastecimiento en el país.
En el contexto de esta escalada, el gobierno de Estados Unidos anunció que continuará con la estrategia de incautar más buques, en un intento por aumentar la presión sobre Maduro y forzar su salida del poder. Esta campaña incluye un despliegue militar en el Caribe, ataques letales a embarcaciones acusadas de tráfico de drogas y amenazas de bombardeo sobre territorio venezolano. El presidente Donald Trump ha declarado que los “días de Maduro están contados”, aunque no ha detallado los próximos pasos.
El impacto de estas medidas ya se percibe en los puertos venezolanos. El jueves, alrededor de una docena de buques petroleros permanecían a la espera frente al principal puerto petrolero del país, sin que ninguno se atreviera a atracar para cargar crudo. En condiciones normales, al menos diez embarcaciones estarían operando simultáneamente en la terminal. Un funcionario portuario venezolano señaló que el temor a nuevas acciones estadounidenses ha provocado que empleados en todo el país falten a sus puestos o reporten enfermedades.








