La victoria de José Antonio Kast en el balotaje chileno consolida una tendencia regional marcada por el desgaste de los oficialismos y el rechazo al establishment. Con Chile, ya son seis los países sudamericanos gobernados por líderes ubicados a la derecha del espectro político, mientras tres elecciones clave en 2026 terminarán de definir el rumbo.
La contundente victoria de José Antonio Kast en la segunda vuelta presidencial de Chile volvió a mover las fichas del tablero político de América del Sur y profundizó una tendencia que se viene consolidando en los últimos años: el avance de fuerzas de derecha en un contexto regional atravesado por el hartazgo social, la frustración con los gobiernos salientes y una creciente demanda de orden, seguridad y estabilidad económica.
Con la llegada del líder del Partido Republicano al Palacio de La Moneda, Chile se convertirá en el sexto país sudamericano gobernado por un dirigente ubicado a la derecha del espectro ideológico, sumándose a Argentina, Bolivia, Perú, Paraguay y Ecuador. El dato refuerza la percepción de un giro regional, aunque especialistas advierten que se trata menos de una ola ideológica homogénea y más de una reacción contra los oficialismos.
“Buena parte de estos resultados positivos para la derecha se deben a un electorado cansado, anti-oficialismo, con demandas muy específicas que los gobiernos de izquierda no pudieron resolver. Son ciclos de frustración más que ideológicos”, explicó el politólogo Juan Negri, director de la carrera de Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella.
En la mayoría de los casos, los actuales gobiernos de derecha llegaron al poder tras desplazar administraciones de izquierda de larga data. El ejemplo más reciente es Bolivia, donde el senador de centroderecha Rodrigo Paz puso fin a casi dos décadas de hegemonía del Movimiento al Socialismo (MAS), liderado históricamente por Evo Morales y Luis Arce. En Ecuador, el viraje comenzó antes, con el alejamiento de Lenín Moreno del correísmo y se profundizó con la llegada de Daniel Noboa, quien consolidó un discurso liberal en lo económico y de “mano dura” en seguridad.
En Perú, el escenario permanece abierto. El conservador José Jerí asumió de manera interina tras la destitución de Dina Boluarte, pero el país irá a elecciones generales en 2026, lo que mantiene en suspenso su orientación política definitiva. Argentina, por su parte, expresó el castigo al peronismo en 2022 con la llegada del libertario Javier Milei, uno de los principales referentes de esta nueva derecha regional.
Paraguay aparece como la excepción, ya que el actual presidente Santiago Peña representa la continuidad histórica del Partido Colorado, que ha gobernado la mayor parte de los últimos 70 años.
Pese a esta foto regional, los analistas llaman a matizar la idea de un “giro a la derecha” uniforme. La izquierda gobierna en Brasil y Colombia, mantiene fortaleza electoral en México y acaba de imponerse en Uruguay. “No hay hoy un proyecto regional articulado como el que existió durante la llamada ‘marea rosa’ de principios de los 2000”, señaló Negri, al descartar paralelismos con los liderazgos de Lula da Silva, Néstor Kirchner o Hugo Chávez.
En la misma línea, la directora del Latinobarómetro, Marta Lagos, sostuvo que muchos de estos liderazgos emergen de partidos nuevos y personalistas, con electorados que no responden estrictamente a la lógica izquierda-derecha. “La gente vota opciones por fuera del establishment para castigar cómo funciona la política en su país”, explicó.
Más allá de las particularidades nacionales, el fenómeno se inscribe en un contexto global más amplio. “Hay una reacción cultural frente al progresismo que se observa en distintas partes del mundo”, analizó el académico chileno Cristóbal Bellolio, quien vinculó el avance conservador con una agenda centrada en seguridad, inmigración y control del delito.
La preocupación por la criminalidad aparece como un factor decisivo. El crecimiento del narcotráfico y de organizaciones criminales transnacionales, como el Tren de Aragua o el Primer Comando Capital, impactó con fuerza en países como Perú y Chile, donde las encuestas muestran que la inseguridad se ubica entre las principales demandas ciudadanas.
Con este escenario de fondo, tres elecciones clave en 2026 podrían terminar de delinear el rumbo regional: Perú, Colombia y Brasil. Mientras en Perú y Colombia el desgaste de los gobiernos actuales abre la puerta a alternativas conservadoras, Brasil aparece como el caso más estable, con Lula da Silva manteniendo un piso electoral sólido pese al avance de la derecha bolsonarista.
Para los especialistas, solo si alguno de estos proyectos logra responder de manera efectiva a los problemas estructurales —inflación, inseguridad, empleo y confianza institucional— podría consolidarse un realineamiento político más duradero. Hasta entonces, el mapa sudamericano seguirá marcado por un movimiento pendular, más ligado al desencanto social que a definiciones ideológicas profundas.
Fuente: misionesonline








