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El muro que esconde a Nefertiti: arqueólogos aseguran estar más cerca que nunca de su tumba perdida

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En busca de la tumba de Nefertiti. A 113 años del hallazgo del busto que inmortalizó su belleza, un equipo liderado por el exministro de Antigüedades Mamdouh Eldamaty y el egiptólogo británico Nicholas Reeves reavivó la teoría más fascinante del Valle de los Reyes: que la tumba del joven faraón, la KV 62, fue en realidad la de su madre y predecesora. Anomalías arquitectónicas, pinturas retocadas y nuevos indicios geofísicos vuelven a poner a la “reina hereje” en el centro del misterio.

Desde que su rostro de estuco pálido emergió de las arenas en 1912, Nefertiti no dejó de hechizar al mundo. Su busto de belleza deslumbrante está en la portada de miles de libros, en millones de folletos turísticos, en tiendas de souvenirs y hasta en productos de belleza. Todos la conocen. Casi nadie sabe quién fue realmente.

Casada con el faraón hereje Akenatón, el que intentó imponer al dios único Atón y trasladó la capital a Amarna sumiendo a Egipto en el caos, vivió entre 1370 y 1330 a.C. Fue Gran Esposa Real, Señora de la Alegría y Dama de la Gracia. Pero ¿fue prima de su marido o una princesa extranjera?. ¿Madre, tía o ambas de Tutankamón? ¿Gobernó Egipto con el nombre de Smenkhkare, vestida con los atributos masculinos del faraón, durante tres años tras la muerte de su esposo?. Los sacerdotes de Tebas quisieron borrarla de la historia a cincel. Y casi lo lograron.

La pista más audaz la lanzó en 2015 el egiptólogo británico Nicholas Reeves, al que acusaron de poner a Bastet entre las palomas. Reeves propuso que su tumba estaba oculta a plena vista, reutilizada de forma apresurada para enterrar a su hijo, el joven Tutankamón. Señaló que la KV 62 no se parece a nada: es demasiado pequeña, su orientación no respeta la tradición, su distribución es anómala y todo parece hecho con una prisa indecorosa. El sagrado santuario dorado que debía proteger su ataúd tuvo que ser recortado para que entrara en la cámara. Incluso al ataúd exterior le acortaron las patas para que encajara en el sarcófago.

Más de una década de estudios no encontró pruebas definitivas, y la idea pareció desvanecerse entre falsos positivos de radares. Pero un estudio publicado a principios de septiembre en la sección de Documentos Ocasionales del Proyecto de las Tumbas Reales de Amarna volvió a encender la expectativa.

El trabajo, en el que participó el propio Reeves, analiza nuevas líneas y grietas en la pared norte de la cámara funeraria, costuras desiguales, marcas de cincel inexplicables y alteraciones apresuradas en las pinturas murales. Para Reeves, la decoración actual conserva la función original de la habitación: en ella el oficiante no sería otro que Tutankamón niño, representado al estilo de Amarna, y la destinataria una mujer gobernante con los rasgos de la propia Nefertiti en su rol largamente rumoreado de predecesora, Smenkhkare. “KV 62 no se ajusta a la gramática arquitectónica de un monumento privado ni real. El plano que sigue es el de una reina de la XVIII Dinastía”, escribe.

Incluso Howard Carter, el descubridor de la tumba en 1922, sospechó lo mismo. Tanto que en 1932 volvió en secreto e hizo una cata en el muro. Solo encontró piedra maciza. “La elección del lugar de prueba por parte de Carter fue significativa, ya que reflejaba su comprensión de que, aunque de tamaño reducido, el KV 62 seguía una disposición esencialmente majestuosa. No era así”, explica Reeves. “Si hubiera reconocido la orientación de la tumba, propia de una reina, habría centrado su atención en el extremo opuesto de este muro, el de la derecha, una sección mucho más prometedora”.

El nuevo informe no se apoya solo en la arquitectura. El geofísico George Ballard, coautor del estudio, revisó las siete prospecciones realizadas desde 2015 y sostiene que ninguna “refutó de forma definitiva” la existencia de cámaras ocultas. Por el contrario, encuentra características consistentemente “intrigantes” que podrían ser pasadizos, con cierto grado de correlación entre distintas fuentes de datos.

“Se prestó mucha atención a la cuestión de si alguna extensión hacia el norte de KV 62 podría contener el cuerpo de Nefertiti”, señala Ballard. “Sin embargo, descartar esa subhipótesis es algo muy distinto a negar la afirmación principal: que la tumba de Tutankamón tiene más cámaras por descubrir”.

El director del proyecto, Mamdouh Eldamaty, exministro de Antigüedades y arqueólogo de la Universidad Ain Shams de El Cairo, es contundente. “La integración de estas diversas metodologías ha permitido construir una comprensión mucho más matizada y fiable de la verdadera estructura de la tumba”, escribe. “Si bien la investigación aún no llegó a una conclusión definitiva, los indicadores arquitectónicos, decorativos y geofísicos acumulados sugieren firmemente la existencia de al menos una cámara de almacenamiento adicional más allá del muro oeste de la Cámara Funeraria, y una continuación funeraria real más allá de su muro norte”.

Eldamaty va más allá: “Si finalmente se confirma dicha ampliación, representaría no solo el descubrimiento más importante en el Valle de los Reyes desde el hallazgo de la tumba de Tutankamón en 1922. Podría figurar entre los descubrimientos arqueológicos más transformadores de la era moderna”.

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