Primero fue la diabetes. Después, la obesidad. Y ahora el impacto de los medicamentos conocidos popularmente bajo la denominación “GLP-1” empieza a cruzar las fronteras de la medicina. Su expansión está empezando a modificar desde la manera de comer hasta el mercado del fitness, los restaurantes y el retail.
Una consultora, Ipsos, bautizó esta onda expansiva como el “efecto cascada de la innovación”: una novedad sanitaria cuyos efectos secundarios –en este caso sociales y económicos– terminan alcanzando sectores alejados de los consultorios.
Altas ventas de medicamentos para la obesidad
La dimensión del fenómeno se entiende mirando las ventas. Entre los medicamentos de mayor facturación mundial durante 2025 aparecen Mounjaro y Zepbound –ambos basados en tirzepatida– y Ozempic y Wegovy, con semaglutida. Distintos rankings internacionales muestran así el peso extraordinario que adquirieron estas terapias dentro del mercado farmacéutico mundial.
Claro que detrás del boom comercial hay un problema sanitario enorme. La OMS estima que más de mil millones de personas viven con obesidad y considera a esta patología una enfermedad crónica y con posibilidad de recaídas. En diciembre de 2025 publicó por primera vez una guía global específica para el empleo de terapias GLP-1 en adultos con obesidad. Allí incluyó liraglutida, semaglutida y tirzepatida y destacó que la medicación debe integrarse con alimentación saludable, actividad física y seguimiento profesional.
¿Qué pasa en Argentina?
En la Argentina hay terreno fértil para su expansión. Según datos relevados por Ipsos, el 88% de los consultados afirma que necesita cuidarse más físicamente y el 79% quiere tener mayor control sobre su salud. Además, seis de cada diez adultos presentan exceso de peso y les gustaría adelgazar. “El desafío del peso ya existe y la demanda de soluciones también”, resumió Silvina Suárez, HealthCare Head de Ipsos Argentina.
Lo novedoso es lo que ocurre después. Al actuar sobre mecanismos relacionados con el apetito y la saciedad, estas terapias pueden terminar alterando decisiones cotidianas de consumo. En Estados Unidos, por ejemplo, el 49% de quienes utilizan estos medicamentos afirma haber reducido el consumo de snacks. La tendencia abre interrogantes para fabricantes de alimentos y bebidas: porciones menores, mayor atención al contenido nutricional y una posible búsqueda creciente de proteínas y alimentos funcionales.
La onda expansiva podría alcanzar también a restaurantes –con platos menores y mayor énfasis en calidad que en cantidad–, al fitness, donde cobra importancia preservar masa muscular, y hasta a la moda, porque las variaciones de peso generan nuevas necesidades de talles y prendas. En Estados Unidos ya existen incluso estrategias comerciales destinadas específicamente a consumidores que utilizan GLP-1: compañías de productos de venta libre y cadenas de farmacias comenzaron a organizar góndolas y promociones pensando en las necesidades de estos pacientes.
En la Argentina, sin embargo, la revolución parece estar apenas despegando. Ipsos comprobó una fuerte brecha de conocimiento: mientras el 74% de los estadounidenses declara haber escuchado hablar de los GLP-1, entre los argentinos la proporción sería apenas del 16%.
Para Aníbal Cantarian, CEO de Ipsos Argentina, esto abre una oportunidad, pero también una responsabilidad para los laboratorios: acompañar la expansión con “información relevante y certera”. Y allí aparece la otra cara del boom. La OMS advirtió en julio de 2026 sobre el creciente uso de estos medicamentos fuera de indicaciones aprobadas y sin supervisión médica, impulsado en parte por redes sociales y marketing online. También alertó sobre productos falsificados o de calidad subestándar.
La revolución GLP-1 promete modificar el tratamiento de una de las grandes enfermedades del siglo XXI. Pero su verdadero impacto dependerá no solo de cuánto se vendan, sino también de cómo –y para quiénes– se utilicen.
Argentina: con mucho exceso de peso
La paradoja argentina ayuda a entender el potencial –y también los riesgos– del fenómeno. Según el relevamiento difundido por Ipsos, seis de cada diez adultos del país presentan exceso de peso y les gustaría adelgazar. Al mismo tiempo, el 88% considera que debería cuidarse más físicamente y casi ocho de cada diez quieren asumir un mayor control sobre su propia salud. Sin embargo, apenas el 16% declara haber escuchado hablar de los medicamentos GLP-1, frente al 74% registrado en Estados Unidos.
Esa distancia entre necesidad y conocimiento vuelve especialmente importante la información médica. Los GLP-1 no son simplemente “inyecciones para adelgazar”. La OMS reconoce a la obesidad como una enfermedad crónica y con posibilidad de recaídas y, desde diciembre de 2025, recomienda condicionalmente estas terapias para adultos con obesidad dentro de un abordaje integral. La indicación contempla fármacos como liraglutida, semaglutida y tirzepatida, junto con alimentación saludable, ejercicio y acompañamiento profesional.
La advertencia no es menor. En julio de este año, expertos convocados por la OMS expresaron preocupación por personas que consiguen estos productos por Internet o canales informales y los utilizan para perder peso sin tener obesidad ni una indicación clínica. En un mercado que crece a velocidad récord, el desafío será evitar que un avance terapéutico se transforme, por efecto de las redes y las modas, en una nueva, y peligrosa, forma de automedicación.
Fuente: Perfil








