Héctor Paletta habló por primera vez desde el Superclásico que Boca le ganó 1-0 a River en el Monumental, y el resultado del descargo fue llamativo. La charla con C5N tuvo el cuidado habitual que los periodistas suelen ofrecer a un árbitro que acepta sentarse a dar explicaciones, pero aun así se lo notó incómodo, afectado por los días previos y con un tono defensivo que terminó jugándole en contra. Paletta salió a hablar para bajar la espuma, pero lo cierto es que la dejó más alta: hasta ese momento el tema empezaba a desinflarse -la AFA ya lo había ratificado junto a Herrera para la próxima fecha y River había canalizado su reclamo por vía institucional y el fútbol argentino se preparaba para mirar hacia la jornada siguiente-, y sus propias respuestas volvieron a ponerlo en el centro.
Y lo hicieron en un terreno que hasta ese momento no estaba abierto: el de la interna con su compañero de terna. Porque Paletta, sin decirlo con todas las letras, dejó a Darío Herrera expuesto por partida doble, y eso puertas adentro del arbitraje de la AFA no suele pasar inadvertido.
El primer golpe llegó cuando lo consultaron por otra jugada caliente del final: la falta que Herrera cobró de Maximiliano Salas sobre Ayrton Costa, que invalidó un ataque peligroso de River minutos antes del empujón reclamado. Paletta no lo respaldó. “Por coherencia, ninguna de las dos son infracción en el fútbol, que es un deporte de contacto”, deslizó, y hasta admitió que si el cabezazo de Salas hubiera terminado en gol, él habría invitado a Herrera a revisar la jugada.
El segundo problema es más fino, pero todavía más incómodo. Para defender su propia decisión de no llamar a Herrera por el empujón de Lautaro Blanco a Martínez Quarta, Paletta definió la acción como “una jugada gris, para la mitad de la biblioteca es penal y para la otra no”. Y ahí se abre la contradicción: si el propio encargado del VAR reconoce que la jugada es gris, dudosa, divisible en interpretaciones, eso es exactamente lo que el VAR está diseñado para resolver. La herramienta no existe para confirmar lo obvio, sino para ayudar al árbitro principal a mirar de nuevo aquello que en tiempo real no se puede definir con claridad. Decir “era gris pero no lo llamé” es, en los hechos, admitir que no usó el VAR para lo que el VAR está.
Después, se amparó en su “filosofía” de no intervenir salvo error claro y obvio. Esa “filosofía” que Paletta repitió varias veces es, además, la parte más política del descargo. Explicó que su criterio es “respaldar las decisiones de campo, de los que están transpirando la camiseta”. Lo dijo como una defensa, pero funciona como otra cosa: una forma de correrse del centro de la escena y dejar que el peso de la decisión recaiga sobre Herrera. Si el árbitro de campo acierta, Paletta lo acompañó. Si erró, la responsabilidad, según su propia lógica, es del que estaba abajo. Es una línea de razonamiento cómoda para el VAR, pero deja a Herrera vendido en los dos frentes: en el penal que no se cobró porque Paletta eligió no intervenir, y en la falta de Salas que Paletta, encima, cree que no era.
Puertas adentro del arbitraje de Claudio Tapia, la foto que queda es incómoda. Paletta salió a bancar lo suyo y, en el mismo movimiento, dejó a Herrera solo: le cuestionó una decisión y se amparó en una “filosofía” que traslada la responsabilidad hacia el árbitro de campo. La AFA, por ahora, los ratificó a los dos para la fecha 16 del Apertura, pero River ya pidió que Paletta no vuelva a dirigirlos. La interna, como el partido del domingo, todavía tiene jugadas pendientes de revisión.







