A la República Argentina la cuestionan por “racista”, porque no tiene un futbolista negro entre sus seleccionados para cada Mundial. Justamente a nosotros, que desde el preámbulo de la Constitución promovemos “el bienestar general (…) para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”. Y que se sume a esta estupidez un tipo supuestamente instruido como Samuel Jackson, el actor negro, estadounidense, calificando a nuestro país como “el más racista del mundo”, es increíble.
Que un negro estadounidense haga semejante afirmación es imperdonable. Ellos, que tuvieron a ciudadanos fundando el Ku Klux Klan, una sociedad secreta generada (entre otras cuestiones) para matar negros solamente por ser negros, es más increíble. Ellos, que hasta ayer nomás sufrieron el asesinato de George Floyd a manos de un criminal abuso policial, no solo sospechado de delincuente, sino por ser negro viviendo en los Estados Unidos, vienen a señalarnos de racistas.
Habrá países que no nos quieran por considerarnos petulantes, una acusación bastante común, y muchas veces justificada… Y habrá países donde nos envidien por contar entre nuestras filas a notables como Messi, Maradona, el Papa Francisco, Fangio en su momento, Jorge Luis Borges, René Favaloro, José de San Martín (homenajeado hasta en los EEUU), o la propia Eva Perón, a quien un británico le creó y dedicó la ópera Evita, Piazzola, y el propio Che Guevara, aunque yo esté en las antípodas, etc… Pero calificarnos de “racistas” es verdaderamente un chiste, pero de muy mal gusto.
Por: Jorge Claramonte








