El ex magistrado Julio Cruciani falleció este martes en la Ciudad de Buenos Aires a los 92 años, según confirmaron fuentes cercanas a su entorno. Jurista de larga trayectoria, fue conocido tanto por su pasado en los Tribunales como por su posterior paso a la política, donde se presentó como candidato en varias ocasiones.
Desde 1986 fue al frente del Juzgado Nacional Nº 2 en lo Penal Económico, cargo que ocupó por alrededor de veinte años. A lo largo de su gestión tuvo bajo su órbita investigaciones resonantes, entre ellas la Operación Langostino, y procesos por corrupción y narcotráfico que marcaron la agenda judicial del país.
Entre los procedimientos que ordenó figuran el envío a prisión del ex secretario de Turismo Omar Fassi Lavalle y su esposa Elizabeth Mazzini por evasión fiscal, y en 2003 dictó la captura del empresario Eduardo Eurnekián, acusado de evadir al fisco por 14,38 millones de dólares.
Adiós, recuerdos y reacciones
Su desvinculación de la Justicia ocurrió en 2005, cuando decidió volcarse a la política con la agrupación Propulsar País y luego compitió por cargos en la Provincia de Buenos Aires con el Partido Federal. El presidente del partido, Daniel Madeo, confirmó la noticia y publicó en redes: “Con profundo dolor, nos toca despedir a un extraordinario ser humano, que nos honró con sus consejos y su compromiso público. Sus muchas virtudes, dejan dentro de nuestra Agrupación Política una huella imborrable. Gracias! Dr. Julio E. Cruciani Q.E.P.D.”
En lo personal, Cruciani se distinguía por su porte llamativo y un estilo directo al hablar; solía definirse, según sus propias palabras en campañas, como “independiente, ni radical ni peronista” y pretendía así marcar distancia de los principales sellos partidarios tradicionales.
El ex juez Guillermo Tiscornia rememoró anécdotas que reflejaban su carácter: contó que en el ingreso al juzgado había un cartel que advertía a quienes esperaban que si el personal demoraba “mas de diez minutos en atenderlo” debían anunciarse ante el juez; “Yo lo atenderé en persona”. Esa ocurrencia, recordó Tiscornia, “desató el fastidio de los jueces de cámara, quienes emprendieron un a virulenta y fraudulenta embestida contra el digno magistrado”.








