Escribe: Pastor Bernardo Ríos, pastor de Iglesia Cristiana La Familia en Norcross GA.
En el contexto argentino, “bajarme el precio” es una frase que significa restarle valor o importancia a algo o a alguien. Cuando Dante Gebel usa esta frase, quiere decir que siente que el título “pastor” podría simplificar o limitar lo que él es o hace, como si al etiquetarlo así se redujera el alcance de su labor o de su identidad. En otras palabras, él lo percibe como una forma de encasillarlo o disminuir su valor.
Esta declaración demuestra un mal entendimiento de lo que es el pastorado. El llamado al pastorado es algo sagrado; es un don que Dios concede a ciertos hombres para que sean maestros de su santa Palabra, para que puedan aconsejar a las ovejas, enseñarles, guiarles a delicados pastos y cuidar de ellas para que los lobos no les hagan daño. Desde una perspectiva teológica, el llamado al pastorado es considerado un honor y una vocación divina, no una categoría humana que el mismo pastor pueda ver con desprecio.
Si alguien siente que ser llamado “pastor” le “baja el precio”, entonces hay una incomprensión del valor espiritual que Dios mismo otorga al rol.
Jesús abrazó el título de “Buen Pastor” y lo vinculó a su sacrificio por las ovejas. Si el mismo Señor se identifica con la imagen del pastor, entonces el término no disminuye, sino que realza el amor y el cuidado sacrificial.
Rechazar el término por miedo a “perder valor como persona” es perder de vista el modelo de Cristo. No importa si el mundo te hace de menos por ser pastor; lo importante es ser fiel al llamado de Dios. Al igual que Cristo, el pastor no debe buscar prestigio, sino servir. Así que el verdadero valor está en asumir humildemente el llamado que Cristo mismo dignificó.
Si Cristo se identifica con el pastor, ¿quiénes somos nosotros para considerar ese título menor? Rechazarlo por temor a ser “devaluados” es más bien un pensamiento impío que cristiano.







