La Justicia tucumana avanza en la investigación por la muerte de un hombre de 32 años que fue víctima de un violento linchamiento ocurrido en el barrio Villa 9 de Julio. Por el hecho ya fueron imputadas cuatro personas por homicidio y los investigadores no descartan que haya más involucrados en el ataque que terminó con la vida de Juan José Brito, quien padecía problemas de adicción y vivía en situación de calle. El episodio se registró en la madrugada del viernes 27 de febrero en inmediaciones de las calles Raúl Colombres y Mario Bravo. De acuerdo con la reconstrucción realizada por el auxiliar fiscal Alejandro Andole, alrededor de las dos de la mañana Brito ingresó al complejo de monoblocks aparentemente con intenciones de robo. Un vecino advirtió su presencia y comenzó a alertar a otros habitantes del lugar mientras el intruso intentaba ocultarse entre las plantas.
En pocos minutos varios vecinos salieron a buscarlo. Durante esa persecución uno de los residentes efectuó disparos —entre dos y cuatro, según relataron testigos— lo que provocó que el hombre escapara corriendo. La fuga terminó cuando Brito cayó dentro de una zanja ubicada en las calles Alfredo Palacios y Raúl Colombres. Allí fue golpeado en la cabeza con distintos objetos contundentes.
Ya semidesvanecido, el hombre fue retirado del lugar y arrojado sobre la calle. A partir de ese momento la situación escaló rápidamente: más de media docena de personas comenzaron a agredirlo durante más de cinco minutos, mientras otros vecinos registraban la escena con sus teléfonos celulares.
Uno de los videos difundidos posteriormente muestra la crudeza del ataque. En las imágenes se escucha a un hombre gritar: “Pegale en el ‘tobillito’, que le duela mucho”, mientras otro le propina más de 70 golpes en esa parte del cuerpo con el mango de un látigo trenzado. La víctima ya estaba reducida en el suelo.
Durante la agresión, Raúl Lazarte y Juan Córdoba —rondines del barrio— intentaron frenar a los atacantes, pero no lograron contener la violencia. En ese contexto, Walter Villagra, residente del complejo, se arrojó sobre el hombre para inmovilizarlo y pedir a los presentes que dejaran de golpearlo.
Cuando finalmente arribó la Policía, unos veinte minutos después de iniciados los hechos, Brito ya había fallecido.
El informe preliminar de la autopsia indicó que murió por broncoaspiración, consecuencia de la brutal golpiza. El cuerpo presentaba múltiples lesiones en la cabeza, el rostro, el tórax, las piernas y los brazos.
Villagra, quien intentó proteger al hombre, y Manuel Agustín Tapia —que habría participado en la detención civil— fueron aprehendidos en el lugar al momento de la llegada de los efectivos. Posteriormente, el juez Alejandro Tomás dispuso para ambos una prisión preventiva de 16 días al imputarlos por el delito de homicidio en riña, figura que contempla penas de entre dos y seis años de prisión.
El fiscal Carlos Sale ordenó profundizar la investigación. Con el avance de las pericias y el análisis de los registros audiovisuales, los investigadores confirmaron que Brito no había logrado concretar ningún robo y que tampoco portaba armas.
Además, al revisar los videos captados por vecinos, los investigadores detectaron la participación de otras personas en el ataque. En las imágenes se observa incluso cómo algunos agresores se turnaban para golpear a la víctima.
Durante la golpiza, varios residentes —entre ellos adolescentes— grabaron lo ocurrido con sus teléfonos. En uno de los registros se escucha a un atacante advertirle a una joven: “No filmen nada”. A pesar de esa advertencia, los videos terminaron circulando en redes sociales y se transformaron en una pieza clave para avanzar en la causa.
La investigación quedó a cargo de personal de la División Homicidios, bajo la conducción de los comisarios Susana Montero, Diego Bernachi y Miguel Carabajal, quienes comenzaron a recolectar testimonios e indicios sobre lo sucedido.
En el barrio, algunos vecinos señalaron que Brito era conocido por su situación de consumo problemático de drogas y por episodios vinculados a robos menores. “Era una de esas plagas que andan dando vuelta por la noche buscando cualquier cosa para robar y así poder comprar drogas. Era conocido en el barrio”, sostuvo Pamela Gutiérrez.
Las autoridades confirmaron que una mujer había llamado al 911 para denunciar que el hombre había intentado ingresar a su departamento en planta baja, aunque no logró hacerlo. Algunos residentes también mencionaron que lo identificaban como la persona que solía sustraer bombas de agua, cables y otros objetos de poco valor.
El clima en el barrio refleja la tensión que generó el episodio. “El que mal anda, mal acaba”, afirmó Julián Domínguez, aunque reconoció que la violencia se desbordó. “No discuto que a los ‘changos’ se les fue la mano, pero hay varios de ellos que viven renegando por las pérdidas que sufren. ¡Están hartos! Encima la Policía nunca aparece. Esa noche llegaron unos 30 minutos después de que lo mataron”, agregó.
Una adolescente que filmó el ataque, identificada como Luciana, señaló que muchos vecinos prefieren no declarar. “Nadie les va a contar nada porque los que hicieron esto pueden terminar en cana”, advirtió. Según dijo, por recomendación de su familia eliminó el video de sus dispositivos.
La causa continuó avanzando con nuevas detenciones. El jueves por la tarde personal de Homicidios arrestó a Alfredo Tapia, de 23 años y hermano de uno de los imputados, y a Agustín Véliz Rosales, de 33 años, quien se desempeña en el Servicio Penitenciario.
En el caso del agente penitenciario, la Justicia resolvió imputarlo por homicidio y dictar una prisión preventiva de tres meses. Su defensa cuestionó la acusación al sostener que no existen pruebas que indiquen que haya sido responsable de los golpes mortales.
En otra audiencia realizada posteriormente, Alfredo Tapia también fue acusado por el crimen. Además, el auxiliar fiscal Miguel Fernández decidió agravar la imputación contra Manuel Tapia y Villafañe al sumar nuevos indicios para que enfrenten el proceso por homicidio.
Desde la defensa de uno de los acusados, el abogado Javier Lobo Aragón (h) afirmó que su representado no participó en la agresión. “Es un hecho lamentable y gravísimo, pero no por ello se debe procesar a cualquiera. Seguimos presentando evidencias para demostrar que nuestro asistido no sólo no golpeó a la víctima, sino que intentó evitar que la agredieran”, sostuvo.
Su padre, el también abogado Javier Lobo Aragón, aseguró que al menos seis personas identificaron a su defendido como quien se colocó sobre Brito para intentar detener el ataque. Según explicó, en uno de los videos se escucha claramente que le gritaba a la víctima: “¡Callate que te van a seguir pegando!”, mientras pedía a los presentes que detuvieran la golpiza.
La situación judicial de los hermanos Tapia aparece más comprometida. De acuerdo con la acusación, habrían tenido una participación activa en la agresión que terminó con la muerte del hombre.
Para la querella, el caso reviste una gravedad mayor. El abogado Jorge Finkelstein Ponce de León, representante legal de la familia de la víctima, sostuvo que existen indicios de premeditación en el ataque. “En los videos se escucha claramente que uno de los vecinos le dice: ‘te dijimos que no vuelvas porque la pasarías mal’. Eso habla de que fue un crimen premeditado”, afirmó.
El letrado añadió que el hecho también presenta características de alevosía y ensañamiento. “Este tipo de casos, que pueden terminar con una condena a perpetua, no pueden ser considerados un hecho más. Se debe ir hasta el fondo para que no se repitan”, concluyó.
Antecedente de un pacto de silencio entre vecinos por un ladrón al que mataron a golpes en Tucumán
El 14 de enero de 2015, el diario Clarín publicaba la siguiente crónica: “El dolor y la desesperación se asentaron en la casa familiar del joven tucumano asesinado de un balazo en la cabeza en un intento de robo, al día siguiente del bautismo de su beba de tres meses. A esto se sumó la preocupación por las posibles represalias de allegados al ladrón que fue atrapado y linchado poco después. Si bien no se hizo explícito, un pacto de silencio rodea al barrio donde ocurrió todo. Nadie quiere decir lo que vio. Nadie quiere dar su testimonio. Todos tienen miedo por lo que pueda suceder. Y la Justicia, por el momento, no ordenó detener a nadie, aunque se espera que luego de la feria se reactive la investigación. El domingo a la mañana, César Daniel Jiménez, de 31 años, estaba por irse a dormir luego de la fiesta en su casa en la calle Magallanes al 2600, casi esquina Coronel Zelaya, en el barrio Soberanía Nacional. Pero sobrevino la tragedia. Cerca de las seis, su hermano Alexis volvía en moto de dejar a su novia cuando dos hombres armados le intentaron robar su vehículo. Los gritos, forcejeos y golpes alertaron a César, que salió a defenderlo y se sumó a la pelea. Tras un breve intercambio de golpes, un disparo impactó en su cabeza. Su familia llamó al 911 y a una ambulancia. Ambos tardaron en llegar. Jiménez fue trasladado al Hospital Padilla, pero murió poco después. Tenía un balazo calibre 9 milímetros en la cabeza. Cuando la Policía se presentó en el lugar donde ocurrió el intento de robo, encontró al supuesto homicida gravemente herido. Lo habían atacado a golpes y patadas los vecinos, familiares y allegados a la víctima. Enseguida lo llevaron al Centro de Salud, donde falleció. El joven, de 28 años, fue identificado como Gustavo Daniel Guerrero. Según fuentes de la investigación, contaba con un importante prontuario de asaltos violentos. A principios de 2013, había recuperado la libertad tras estar preso por el robo de una moto”.







