Este jueves, una publicación en la red social Facebook recordó que “ayer estuvo cumpliendo nada más y nada menos que 92 pirulos Don Daniel Tárraga, una persona maravillosa, un ser de luz indescriptible en la vida de su hijo, con un amor noble e infinito y con miles de virtudes ejemplares”. Es, seguramente, una de las tantas muestras de afecto para un catamarqueño que se ganó el corazón de muchos amigos, vecinos y cientos (o miles) de pasajeros, durante los años en que fue un reconocido colectivero.
El 24 de septiembre del año pasado, Natalia Lorena Fernández, una mujer dedicada a rescatar historias de Catamarca en redes sociales, publicó un recuerdo a la actividad desempeñada durante tanto tiempo por tárraga, bajo el título “En primera fila: las historias de don Tárraga, en el día del colectivero”.

En su escrito, Fernández escribe: “Chofer histórico de la línea 1 hacia Pirquitas Don Daniel Tarraga de 91 años nos cuenta sus mejores recuerdos trabajando sobre 4 ruedas. Empezó en Empresa Barrera de guarda en la línea hacía Las Chacras a los 14 años. Sus pasajeros eran mayormente empleados públicos y se pagaba el pasaje con monedas. “Antes teníamos rollos de boletos según la sección, se cobraba el viaje asiento por asiento y teníamos un monedero en la cintura con cinco casilleros para las monedas de 5,10,20,25 y la de 50 centavos. El billete más grande que había era de 1 peso”. Por esos días los colectivos eran plataformas con pasamanos grandes para que suban los pasajeros. El timbre era una campanita en el techo con una soga. “El único trabajo del chófer era manejar, el guarda se ocupaba de avisar cuando alguien quería bajar: tiraba la piola una sola vez. Para arrancar dos campanadas”. Otro grato recuerdo que comparte es el haber manejado los coches Leyland, ingleses de color verde. Llevaba en él a los obreros cuando se comenzó a hacer las bases del murallón del Dique Las Pirquitas “yo lo vi nacer”, comenta sonriendo. Otro recorrido que hizo fue en la vieja línea 15 a El Portezuelo. Eran dos viajes a la mañana y dos a la tarde, llevando a las personas a ver a la Sra. Ines, famosa curandera de la localidad. Él llevaba a los pasajeros y los esperaba para traerlos de vuelta luego de ser atendidos. En los años en que trabajó el viajar en colectivo era una experiencia de sociabilización: choferes y pasajeros hablaban, se ponían al día, si alguien conocido se demoraba se lo esperaba, viajar era una experiencia única. Además de haber sido un excelente chofer, es un ejemplo de vida, pasados sus 90 años Don Tárraga dedica todo su tiempo al cuidado de su hijo Guille con quién es inseparable. Sea este un homenaje a él y a todos los choferes en su día”.

Pocos días después, la entusiasta escritora tuvo que volver a publicar sobre Don Tárraga, por una grata noticia: “Hoy comparto con orgullo que el Concejo Deliberante de Fray Mamerto Esquiú, inspirado en aquel escrito, entregó anoche un reconocimiento a Don Tárraga por su labor como chofer y ejemplo de compromiso y acompañamiento hacia su familia. Felicito de corazón a Don Tárraga. Me alegra el alma saber que todavía existen personas como él, capaces de recordarnos lo mejor de la humanidad. Agradezco también a ustedes, que siguen la página, que leen, que comparten y ayudan a que estas historias viajen lejos. Y gracias al Sr. Daniel Vildoza y a Juan de la Fuente, por tender los puentes necesarios para hacer posible aquella nota”.

En este nuevo posteo, Fernández resaltó algo que todos valoran del colectivero retirado: “Don Tárraga dedica su vida entera al cuidado de su hijo Guille, de quien es absolutamente inseparable. El amor que existe entre ellos es único, genuino, de esos que iluminan, que enseñan, que conmueven sin necesidad de grandes gestos. Un amor digno de ser contado y, sobre todo, celebrado”.

Feliz cumple, Don Tárraga, 92 años que van dejando huellas.








