Casi cerrando el año, el precio del oro ya quebró más de 50 récords en el mercado mundial. La onza troy del metal precioso hoy cotiza por encima de los 4.200 dólares en el Comex de Nueva York, lo que implica una rentabilidad de 60% en lo que va del año, convirtiéndose en el activo más rentable. Los últimos reportes de los principales bancos de inversión del mundo, como Goldman Sachs, J.P. Morgan, e incluso el Deutsche Bank y otros, ya sea por inercia, por efecto “FOMO”, por seguir al rebaño, por lo que sea, siguen proyectando nuevos récords para el oro el próximo año y los subsiguientes.
Desde modestos 4.500 dólares hasta más de 6.000 dólares, e incluso algunos arriesgan niveles de 20.000 dólares de acá al fin de la década asociado al colapso de las monedas fiduciarias tal como se las conoce hoy en día. Lo cierto es que, amén de una serie de factores que pueden afectar la trayectoria del oro, los expertos del mercado mundial de metales auguran que el rally del oro no ha terminado.
Ocurre que la demanda sigue traccionada no solo por los fondos ETF y los minoristas sino también por los bancos centrales, que día a día, dan a conocer nuevos planes y programas de compra de reservas de oro, pero ya en todos los continentes. Hasta hace poco eran los tradicionales que empujaban, con China como el principal jugador, pero de a poco se fueron sumando otros países de toda Europa, Asia, Eurasia, Latinoamérica y África. Parece que nadie quiere quedarse afuera de la ola. Incluso, con el precio del oro en estos niveles que podrían desalentar nuevos posicionamientos. En este contexto, las proyecciones del Consejo Mundial del Oro, que apuntan a que podría subir entre un 5% y 15%, lucen moderadas. Veamos que observan los expertos.
El oro ha experimentado un 2025 extraordinario con un nivel de rentabilidad envidiable, que se perfila como el cuarto mayor rendimiento anual del metal desde 1971, gracias a una combinación de factores como: una mayor incertidumbre geopolítica y económica, un dólar más débil y un impulso positivo en los precios. Este entorno generó un mayor impulso a la diversificación de carteras, en medio de una mediocre rentabilidad de los bonos y la preocupación por la efervescencia en los mercados de valores. Tanto los inversores como los bancos centrales han aumentado sus inversiones en oro, buscando diversificación y estabilidad, en todas las regiones, de Occidente a Oriente.
Ahora bien, de cara a 2026, las perspectivas se ven condicionadas por la continua incertidumbre geoeconómica. Al respecto, no puede soslayarse que el precio del oro termina reflejando, en general, las expectativas macroeconómicas, por lo que podría mantenerse dentro de un rango si persisten las condiciones actuales.
Fuente: Ámbito







