La mañana del lunes 27 de agosto de 1883, el colapso de un volcán en la isla Rakata, Indias Orientales (actual Indonesia) provocaba uno de los desastres naturales más destructivos de la historia, ese día se producía la ‘explosión de Krakatoa’.
Cuando se habla de ‘Desastres naturales’ se suele hacer referencia a listas que los ordenan por cantidad de víctimas fatales. Estas listas son relativas ya que están condicionada por la zona en que se ha producido el desastre natural y no al poder destructivo del mismo. Es por ello que la luctuosa lista está liderada por terremotos, tsunamis, ciclones e inundaciones en China, Bangladesh y la India. Otro aspecto es el de víctimas directas e indirectas como el de las inundaciones del río Yangtsé en 1931 que provocó 400 víctimas fatales por ahogamiento y 3.6 millones de muertos por la hambruna posterior. La ‘explosión de Krakatoa’ no llegaría a una cantidad de víctimas como para colocarla en el tope de la lista de ‘desastres naturales’ pero le bastó para ser considerada como una de las más destructivas de la historia.
En julio de 1883 se comenzó a gestar la catástrofe con gran actividad sísmica alrededor del volcán de Krakatoa. El volcán Perboewatan, el más cercano al de Krakatoa, comenzó a expulsar vapor y cenizas a la atmósfera. Pronto se sumaron del volcán Danan y el propio Krakatoa. El sábado 25 de agosto de 1883 se produjo la primera erupción y al día siguiente otras 4 que lanzaron rocas hasta 20 kilómetros de la isla de Rakata. La isla de Rakata era un puerto de paso para el comercio de las ‘Indias Orientales’ por lo que había gran cantidad de barcos en la zona. La mayoría optó por alejarse para protegerse.
La mañana del lunes 27 de agosto dos explosiones sucesivas en Perboewatan y Danan fueron el preámbulo para el desastre. A las 10:02 el volcán de Krakatoa no hizo erupción, literalmente explotó por los aires. La energía liberada por la explosión se ha estimado 4 veces más potente que la Bomba del Zar, el arma termonuclear más potente jamás detonada.
La onda de expansión generada por la explosión superó los 1.090 kilómetros por hora y dio 7 vueltas al mundo. Cada 34 horas podía escucharse en todos los rincones del planeta. A 75 kilómetros de la isla se encontraba el barco Norham Castle, al llegar la onda expansiva le explotaron los tímpanos a toda la tripulación. Para tomar dimensión del sonido provocado por la explosión digamos que el umbral del dolor humano es de 130 decibeles. La explosión de una bomba atómica puede llegar a los 250 decibeles, la explosión de Krakatoa llegó a los 310 decibeles.
El tsunami generado provocó olas de 40 metros de altura borró islas cercanas del mapa y se cobró la vida de 37 mil personas. Las cenizas en la atmósfera provocaron un invierno volcánico que bajó la temperatura promedio de Europa por más de 2 años. Los efectos lumínicos atmosféricos se extendieron por todo el mundo. El pintor noruego Edvard Munch de 20 años de edad en ese entonces quedó traumatizado por los colores del cielo. 10 años después cristalizó sus pesadillas en el cuadro ‘El Grito’ donde dio al cielo la imagen de sus recuerdos.
Dos tercios de la isla de Rakata desaparecieron, pero 50 años después, en ese vacío comenzó a surgir una nueva isla volcánica. Las sucesivas erupciones fueron dando forma a Anak Krakatoa (hijo del Krakatoa) que crece a un ritmo de 4 metros por año y ya pasó la altura original de su padre.








