Un mensaje estremecedor quedó incorporado a la investigación por el asesinato de Cecilia Lazcano, una adolescente de 16 años que murió al ser atacada en Alvear, Corrientes. “Con esta ya son 13 las que maté”, habría escrito el principal sospechoso, también de 16 años, en una conversación con su novia después del crimen.
La frase, que ahora es analizada por los investigadores, fue encontrada durante el peritaje de los teléfonos celulares y abrió nuevos interrogantes sobre el adolescente detenido. Por el momento, no existen elementos que permitan confirmar que haya cometido otros homicidios y los investigadores intentan determinar si se trató de una afirmación destinada a impresionar a su novia o si detrás del mensaje existe algún antecedente que deba ser investigado.
El caso comenzó el 16 de julio, cuando Cecilia fue encontrada gravemente herida cerca de la antigua estación ferroviaria de Alvear. En un primer momento, la muerte fue investigada bajo la figura de “averiguación de causales de muerte”, ya que la adolescente presentaba antiguas lesiones autoinfligidas en los brazos y una herida en una muñeca.
Sin embargo, las pericias forenses modificaron por completo la investigación. Los especialistas determinaron que las lesiones que provocaron su muerte no habían sido causadas por la propia víctima, sino por otra persona.
Cecilia había sufrido una profunda herida en el cuello que le afectó la tráquea. A pesar de la gravedad del ataque, consiguió alejarse del lugar y caminó desesperadamente buscando ayuda.
Según la reconstrucción incorporada al expediente, la adolescente avanzó gravemente herida por las calles cercanas a la estación y golpeó distintas puertas. No podía hablar debido a la lesión en la garganta y perdía sangre a medida que caminaba.
En uno de esos intentos por conseguir auxilio llegó hasta una vivienda. Para lograr que la mujer que estaba adentro comprendiera que realmente había alguien necesitando ayuda, Cecilia pasó un anillo por debajo de la puerta.
La vecina finalmente dio aviso a la Policía. Los efectivos encontraron a la adolescente frente a la vivienda y solicitaron asistencia médica.
Primero fue trasladada al hospital de Alvear. Debido a la gravedad de su estado, posteriormente fue derivada a Santo Tomé, situada a unos 89 kilómetros, y finalmente al hospital de la capital correntina.
La pérdida de sangre había sido enorme y Cecilia murió durante la tarde.
En las primeras horas, el caso desconcertó a los investigadores. La existencia de antiguas lesiones en sus brazos hizo pensar inicialmente que podía tratarse de un suicidio. Pero esa hipótesis comenzó a derrumbarse cuando los médicos forenses analizaron las heridas recientes.
Los especialistas concluyeron que tanto la lesión mortal en el cuello como la herida de la muñeca habían sido provocadas por un agresor.
A partir de ese momento, la Fiscalía comenzó a reconstruir detalladamente las últimas horas de Cecilia.
El padre de la víctima explicó que aquella noche su hija había ido a la casa de una amiga. Cuando los investigadores entrevistaron a esa adolescente, contó que Cecilia había estado allí, pero que durante la madrugada había salido para encontrarse con un joven.
Ese dato condujo a los policías hasta un compañero de cuarto año del Colegio Doctor Mamerto Acuña, el mismo establecimiento al que concurría Cecilia.
El adolescente aseguró inicialmente que el encuentro nunca se había concretado. También permitió que los investigadores observaran su teléfono celular.
Allí apareció un elemento que llamó la atención: había mensajes eliminados.
Cuando los policías quisieron saber por qué los había borrado, el joven respondió: “Tengo novia y es un poco celosa”.
La explicación no terminó de convencer a los investigadores. El fiscal Facundo Cabral dispuso entonces que se analizaran las cámaras de seguridad de las inmediaciones para reconstruir los movimientos de Cecilia durante aquella madrugada.
Las primeras imágenes mostraron a la adolescente caminando poco antes de las cuatro de la mañana. Pero una revisión más profunda de las grabaciones aportó un elemento decisivo.
Cecilia aparecía caminando junto al adolescente que luego sería detenido.
Había además un detalle que llamó especialmente la atención de los investigadores: el joven llevaba una pala en la mano mientras ambos se dirigían hacia la zona de la vieja estación ferroviaria.
Otra cámara registró posteriormente al adolescente regresando.
Esta vez estaba solo.
Ya no llevaba la pala y tenía el buzo en la mano. Cecilia tampoco aparecía junto a él.
La secuencia terminó de orientar la investigación hacia el compañero de colegio. Con las imágenes, los resultados de las pericias y otros elementos reunidos durante la pesquisa, la Fiscalía ordenó su detención.
El adolescente fue arrestado el domingo en su vivienda y posteriormente trasladado al Centro de Contención Juvenil de la capital correntina, mientras continúa la investigación por el crimen.
Pero el análisis de los celulares provocó un nuevo giro.
Los investigadores revisaron tanto el teléfono del acusado como el de su novia, una adolescente que cursaría quinto año en el mismo colegio. De esas pericias surgieron conversaciones que ahora son consideradas fundamentales para determinar qué ocurrió antes y después del asesinato.
La Justicia investiga concretamente si la novia del acusado pudo haber instigado el homicidio de Cecilia.
De acuerdo con los elementos incorporados hasta el momento, la joven habría conocido previamente que su novio planeaba matar a Cecilia y también habría sabido de qué manera pretendía hacerlo.
Entre esas conversaciones apareció uno de los mensajes más perturbadores de toda la causa.
“Con esta ya son 13 las que maté”, habría escrito el adolescente a su novia después del ataque.
La afirmación encendió las alarmas, aunque los investigadores mantienen cautela. En Alvear no existen antecedentes conocidos que permitan relacionar al adolescente con una serie de 13 homicidios, por lo que la frase deberá ser analizada dentro del contexto de las conversaciones y de la personalidad del acusado.
Otro mensaje atribuido al joven también habría sido enviado después de atacar a Cecilia y mientras la víctima todavía intentaba conseguir ayuda.
“Todos se comieron el verso de que era un suicidio. Se levantó y todavía se mueve”, habría escrito.
Para los investigadores, el contenido resulta particularmente relevante porque coincidiría con lo ocurrido inmediatamente después de la agresión: Cecilia sobrevivió inicialmente a la herida y consiguió caminar desde el terreno donde fue atacada hasta las viviendas ubicadas frente a la estación.
La investigación también intenta establecer qué papel tuvo la novia del acusado, cuál habría sido el motivo para atacar a Cecilia y si existieron comunicaciones previas en las que se planificó el crimen.
Además, según fuentes vinculadas al expediente, el adolescente detenido fue sometido a evaluaciones psiquiátricas y psicológicas. Los estudios habrían detectado rasgos compatibles con una personalidad psicopática, capacidad para mentir y falta de empatía, aunque esas conclusiones deberán ser valoradas dentro del proceso judicial y no constituyen por sí mismas una determinación de responsabilidad.
El caso que inicialmente parecía una muerte autoinfligida se transformó así en una compleja investigación por homicidio, sostenida en pericias forenses, cámaras de seguridad, teléfonos celulares y mensajes intercambiados entre adolescentes.
Ahora la Justicia deberá determinar no sólo las circunstancias exactas en las que fue asesinada Cecilia, sino también si el crimen fue planificado entre el adolescente detenido y su novia y qué quiso decir realmente el acusado cuando afirmó que, con Cecilia, ya eran “13” las personas que había matado.








